miércoles, noviembre 26, 2008

Errado emporalmente


Últimamente me viene costando ponerme con el blog y, la verdad, visto el poco tiempo que me queda para otras cosas (siendo pasar el aspirador indispensable, entre otras tareas) un servidor, a tenor de que estas cosas se hacen para pasar el rato en no cobrando un mierdo por ello (por supuesto), he decidido, como decía, tomarme unas "brevas vacacionas" para ir adelantando algunas cosas e intentar retomar otras un tanto dejadillas. Mi desaparición no implica que no vaya a seguir leyendo y pasándome por los blogs de la gente interesante que he ido descubriendo, cómo no. Esto, por supuesto, es una amenaza. No podía ser de otra manera.

P.D.: Eso sí, si veo a Rizo por la calle, no dudaré en pegarle un tiro en el entrecejo. Dicho queda.

viernes, noviembre 21, 2008

Rizo, ese gran muñeco


En su día ya opiné sobre el erizo Rizo de seguros Génesis. Hace pocos días vi la nueva campañana publicitaria, rollo "nos metemos en la casa de una persona cualquiera y ésta nos cuenta qué tal le va en su vida y cómo Seguros Génesis poco más que les ha sacado del camino de la droga".

Observamos una enorme casa de esas de acojone, la cocina lo que más, y una mujer comentando que en tiempos de crisis hay que mirar más por el dinero. Su marido, mientras tanto, grita aquello de "Asumbaweee!" desde el jardín.


No entiendo que una pareja, que parece no tienen hijos (aunque esto no es relevante), tengan una casa alucinante y nos hablen de la crisis. Si el vídeo lo hubieran rodado en un micropiso, apareciera una mujer en bata haciendo la comida mientras un grupo de niños la vuelven loca correteando a su alrededor pidiendo un trozo de pan y en ese momento llegara el marido diciendo:

"¡Me han echado del trabajo!". Ella: "¡¿Otra vez?! ¡Calla, niño!". Él: "¡Lo siento, joder!". Ella: "¿Has estado en el bar? ¡Hueles a vino!". Él: "¡Es que estaba triste!". Ella: "¿Triste? Tú lo que eres es un serdo". Niño: "Mama, ¿qué es un serdo?". Ella: "Tu padre, hijo". Niña: "¿Por qué lloras, mamá?". Ella: "Tenemos tanta mala suerte..." Él (dejando su maletín sobre la mesa): "Estaba pensando..." Niño: "No llores, papá". Ella: "¿Qué vas a decir ahora? Estamos con el agua hasta el cuello". Él (con la cara iluminada): "¿Y si llamáramos a Seguros Génesis?". Ella (levantándose): "¡Tú lo que eres es gilipollas!".

Entonces, en una circunstancia así, a lo mejor lo entendería. Realmente, viendo el anuncio, solamente espero que la mujer propietaria de esa pedazo de mansión se asome lentamente a la ventana de su cocina gigante y le grite a su marido:

"¡Te quieres callar de una puta vez! ¿Quieres de dejar de decir "Asumbawe", me cago en tó? ¡¡¿No ves que estoy hablando con unas personas, que pareces monguer?!!"

Los de Génesis están que lo petan, la verdad. Ese gritito, personalmente, me saca de quicio. Sé que es "la llamada del ahorro", que el levantarlo es un rollo "El rey león" de la Disney en el precipicio ése cuando el mono y tal, que (os digo, niños) ese mono estaba loco porque en circunstancias normales un cazador millonario, de esos que se van de safari, hubiera tenido un blanco perfecto en Simba desde cualquier punto de la sabana. Como decía, está todo muy bien, pero para mí es completamente incomprensible. Además, el muñeco, alzado de esa manera y con ese nuevo look, parece una momia. Un trabajo francamente malo de un taxidermista borracho que fue el único que decidió, con manos temblorosas, hacerse cargo del cuerpo del erizo Rizo, muerto recientemente de una sobredosis en un motel de mala muerte.

Navegando, navegando, encontré un video que Buenafuente le dedicó hace bastante tiempo, ante la noticia de que un hombre había recibido heridas en su... Bueno, lo mejor es verlo, si no lo habían hecho hasta ahora. Tiene su gracia, no como las cosas que yo digo, tonterías toas.

miércoles, noviembre 19, 2008

Para mañana, 20 de noviembre, y siempre

Muchos blogs se han sumado (o se sumarán) a la iniciativa de escribir un "artículo" cagándose en los pederastras y escupiéndoles en la cara. En el blog de los amigos de Caduca Hoy me he enterado (porque soy un poco lento para estas cosas) que hay que poner palabras como:

“angels”, “lolitas”, “preteens” , “boylover”, “girllover”, “childlover”, “pedoboy”, “boyboy”, “fetishboy” o “feet boy”

Para que estos cabrones pertubados se topen con estos comentarios y su micropene se les meta para adentro, lo cual debería hacerlo a tal velocidad que ojalá atravesara sus entrañas y les saliera por el casco craneal. Dudo que esto ocurra, pero aquí mi granito de arena a esta iniciativa desde este mundo virtual, tan positivo para unas cosas y tan pedazo de mierdaca para otras.

Hay muchas cosas por hacer, desde luego.

domingo, noviembre 16, 2008

Virtualidad real

Pollard y Taylor, son dos seres humanos británicos de mucha carne (con perdón) y hueso que se conocieron en 2003 a través de Internet.


En la fotografía observamos a la pareja. Mrs. Taylor parece estar sujetando el pene de quien sería su futuro esposo Pollard, pero no es el caso. Él lleva una pajarita roja y un clavel en la solapa; ella cierra los ojos porque el sol le da de frente.

En 2005 decidieron casarse. Lo hicieron en la vida real y, dado que tenían unos avatares de cojones en Second Life y su amor era tan fuerte y supermajo, decidieron que el reino de lo intangible, de los unos y los ceros, debía ser partícipe de un nuevo enlace más chachi, si cabe, que el real.


En la imagen, la boda en Second Life de Pollard y Taylor, quienes en este mundo virtual practican una vida sana baja en calorías.

ElMundo.es se hace eco de esta noticia en España, al igual que otros periódicos digitales. ElMundo la sitúa, curiosamente, en el apartado de tecnología… Bueeeeeeno, venga, lo metemos aquí porque se conocieron y tal en interné y eso. Vale. Guay.
“La esposa comenzó a sospechar que su marido le era infiel en 2007 y contrató incluso a un investigador virtual.”

El tema ya se pone peliagudo. Es decir, Taylor cree que su marido se la está dando con queso y en lugar de darse de baja de internet (lo que practicamente pondría sus mundos en colapso) o preguntarle durante el desayuno qué pasa con eso de conectarse hasta altas horas de la noche, decide contratar, es decir, contratar (pagando con dinero virtual, espero) a un detective para que siga virtualmente a su marido en sus salidas, pero no de casa, sino estando sentado en el sofá de escay (imitación de cuero) con ruedas, respaldo giratorio, un poco ladeado hacia la izquierda a causa del peso, delante del monitor del ordenador, justo a escasos metros de donde ella suele sentarse a chatear con sus amigos y a pasearse por Second Life, también…

Me imagino que cuando ambos están conectados, se dan paseos juntos, visitan museos, se broncean sus esculturales cuerpos desnudos en playas exóticas de arena blanca, vuelan por encima del Everest e incluso fuera de la atmósfera o lanzan rayos por los ojos. Incluso levantan edificios. Todo juntos. Siempre. O casi siempre.

El problema, precisamente, comienza cuando Pollard le dice a su mujer que va a darse un paseo con su avatar a visitar a unos “amigos” y ella está viendo la tele en el saloncito de abajo porque también es cansado estar todo el día navegando y esas cosas.
“I just couldn't believe what he'd done,' said Ms Taylor, 28. 'I looked at the screen and saw his character having sex. It's cheating, as far as I'm concerned.'”
(Traducción) ‘No podía creer lo que estaba haciendo’, dijo Mrs. Taylor, de 28 años. ‘Miré la pantalla y vi su avatar haciendo el amor. (Inentendible) tan pronto como (inentendible)’.

La vida ha de cambiar en este punto para Taylor. Tras dos años de amor real, la vida virtual le da por el anus y le demuestra que, si bien el mundo real parecía una cagada de palomo sobre una caca de perro aplastada, el mundo virtual, el reino de sus anhelos y sueños, de sus fantasías, de la añoranza de una vida perfecta realizada, de sus vuelos por el espacio, de torsos perfectos y caderas de avispa, es un truñaco todavía mayor.
"Estoy intentando rehacer mi vida. Nuestro matrimonio era muy serio. Es cierto que nos conocimos a través de Internet, pero la relación existió en el mundo real, y su traición me dolió profundamente", dijo la mujer engañada.

Mrs. Taylor ha de recalcar que ese matrimonio existió de verdad. Y que era muy serio. A pesar de pasarse el noventa por ciento de su tiempo conectados, paseando juntos en su mundo fantástico chupi-guay, de tener unos avatares tan diferentes a ellos como un pie a un trozo de cable, tenían una vida real que, curiosamente, ha sido salpicada de mierda virtual, que huele y duele, como la triste realidad.

Ahora Mrs. Taylor tiene toda una vida por delante... A ver cómo la utiliza esta vez. Suerte. Mucha suerte, Mrs. Taylor.

viernes, noviembre 14, 2008

Blain Training

Aquí pueden leer una entrevista que ha realizado LaVanguardia.es a Agustín Fonseca, un ser humano que publicó uno de los primeros libros de Sudokus en España y que ahora, junto a su compañero Sergio F. Aldrey, va a sacar a la venta una serie de libros (tres) de entrenamiento mental. Vamos, algo novedoso del cagarse, con perdón.


No tengo nada en contra de este señor, pero ya nada más comenzar la entrevista percibimos cierta tensión con el entrevistador. El hombre, paciente, opina que solamente con veinte minutos diarios el cerebro nuestro coge tono y ese declive que parece comienza a los, exactamente, 26 o 27 años puede frenarse. En este momento, creo que el entrevistador tiene precisamente esa edad y se ha sentido atacado.

(Pregunta) -Proponen también ejercicios que se pueden hacer sin la necesidad de los libros…
(Respuestica) -Sí, son ejercicios que se pueden hacer en la vida diaria. Por ejemplo, si estás en un autobús puedes ir contando las personas que suben y las que bajan para saber, en ese tiempo, cuánto dinero ha ganado el ayuntamiento. Con este ejercicio tan simple desarrollas capacidades de cálculo y de orientación espacial. El único objetivo, y el más beneficioso, es que el celebro esté trabajando.

En la pregunta anterior ya advertimos que el entrevistador plantea que los libros no sirven para limpiarse nada más que el culo. Está claro que, si podemos hacerlo sin los libros, ¿qué me está vendiendo este tipo? Lo mejor se encuentra en la forma en que ha transcrito el redactor la respuesta de Agustín. ¿Se le ha escapado ese celebro a propósito? La erre y la ele no están tan cerca (ni por asomo) en un teclado como para pensar que ha sido un despistillo. ¿Quería dejar por entontolao a Agustín el entrevistador?

(Pregunta)-¿Cuándo empezó usted a sentirse atraído por el mundo de los pasatiempos?
(Enderrespuesta)-Con diez o doce años tenía una afición que consistía en cambiar las reglas de los juegos. Por ejemplo, cogía el parchís y le cambiaba las instrucciones inventando la ficha de la voluntad o fichas diabólicas para recorrer el panel en sentido contrario. Eso hacía que la situación se mantuviera diabólica hasta al final, para mí era una delicia, para los demás una desgracia (Sonríe).

Bueno, aquí imagino un momento de pausa tensa, una mirada de éstas un tanto gélidas de soslayo por parte del entrevistador, que se relame un labio y se muerde la lengua, mientras Agustín comienza con una risa sonora para terminar en una risilla incómoda y un carraspeo. Lo siguiente confirma esta impresión.

(Entrevistador)-Puedo imaginar sus caras...

Esto puede interpretarse como: “Joer, menudo muermazo de tío es usted. Ya me veo en su casa a su 'amigo invisible' y familiares rodeándole para pegarle una paliza, y a sus padres pensando, 'A ver si con alguno de esos golpes en la cabeza se vuelve normal y deja de hacer gilipolleces”.

El entrevistador añade: “Ésos fueron sus orígenes…”, y deja la frase en el aire. Es decir, su pensamiento fue, más o menos: “Joder, yo también jugaba como me daba la gana a la mierda del parchís. Y en la oca, ni te digo. ¿Eso es un origen? ¡Eso es una mierdaza, hombre!” Además, las llama fichas diabólicas…. ¡Uy, uy! ¡Qué miedo! Si acaba de inventar el juego de Satán…

Agustín, que nota que el entrevistador se está quedando con él, tiene una respuesta de nivel, guardada en la manga:

-Sí, luego ya vino el primer juego que hice que fue un simulador de incendios forestales. Plantea sobre un tablero con fichas un sistema de movimiento de decrecimiento del incendio en función del aire y del terreno, y de las actuaciones con medios.

Agustín no puede conciliar demasiado bien el sueño por las noches. Rondan por su cabeza inquieta muchas ideas que no puede controlar. No se siente tranquilo sin tener una libreta a mano, junto a la mesilla, donde anota todas esas ocurrencias, aunque sea a altas horas de la madrugada. Su entrevistador sí lo hizo. Muy bien. Con una media sonrisilla burlona en su rostro. Ese “celebro” para los anales. No compra su libro ni el más tonto de la clase.

A Agustín no le preocupa tanto como parece. Se le acaba de ocurrir meter un nuevo color en el tablero del parchís, un nuevo jugador, con lo que serían ¡cinco! A la mañana siguiente, cuando lo comenta con su mujer, ella le dice que eso está inventado ya y que hay hasta tableros de seis. Agustín bebe un traguito de café. Mira a través de la ventana de la cocina, donde el sol ya se yergue sobre los edificios de la ciudad. “Yo no dije celebro”, advierte. Su mujer se sienta junto a él y le da una delicada palmadita en la cabeza. “Ya lo sé”, le dice. “Si eres muy listo”. Cariñosamente, mientras le acaricia el cabello, toma su taza y la levanta para que él beba un traguito más. “Así. Muy bien, muy bien”, le dice.